Malacatón en almíbar

Seguimos con un intento de paliar los estragos de una ausencia culinariomarujil (=mucho trabajo y unas vacaciones de por medio). La anarquía en la nevera parece no tener límites, sospecho que la comida se reproduce por esporas y salen nuevas viandas por cada esquina. En este caso los protagonistas son…los malacatones. Comprarlos fue muy lindo: viaje familiar en cochecito a Villa de Leyva (Colombia, un must para quien pase por Bogotá y tenga un par de días), “fíjate qué puesto de malacatones”, “ay qué buena pinta”, “ay, para el coche a ver a cuánto salen”. Entre la mano ágil de la vendedora y nuestro “ay, pero qué bonito es el mundooooo” habemus como resultado una locura transitoria y la seguridad de que donde caben 5 melocotones caben 50 kilos. Olé. Y que vivan los almíbares express improvisados.

Por cierto, el empleo de un medio dulce (sobre todo miel) como técnica de conservación de alimentos ya se conocía en las antiguas culturas China y Mesopotámica, y los romanos se lo aplicaban hasta al pescaíto. Los que perfeccionaron el método y fueron los verdaderos precursores de las técnicas modernas -almíbares, confitados- fueron los Árabes, quienes lo introdujeron en Europa previo paso de casi 800 años por las Hispanias. Es cierto que con la cocción se pierden parte de las vitaminas del melocotón, pero no todas, y si no tenemos problemas con el consumo de dulces (diabéticos, abstenerse) es una manera muy válida de consumir fruta cuando no tenemos la fresca.

Sin más rollo ahí va la receta, ¡espero que os guste! 🙂

MalacatonAlmibar

INGREDIENTES:

Melocotón fresco más bien tirando a maduro: yo tenía una docena de tamaño medio
Azúcar morena de caña: la proporción para esta cantidad de melocotones es de cuatro cucharadas soperas colmaditas
Una cucharada sopera de extracto puro de vainilla
Agua como para cubrir en la olla los melocotones por un poco menos de la mitad

PREPARACIÓN:

Lavar bien los melocotones, pelarlos y trocearlos en lascas de aproximadamente 1,5 cm de largo (pequeñitas). Reservar 2/3 de los huesos.

Disponer los melocotones y los huesos reservados en una olla, cubrir hasta algo menos de su mitad con agua y añadir el azúcar y el extracto de vainilla. Remover y llevar a ebullición a fuego medio-bajo, con la olla semitapada.

Deberá hervir pero no demasiado fuerte, que se vean burbujitas lentas, por lo que si vemos que se nos pasa bajar la intensidad del fuego.

El tiempo de cocción, como siempre, depende de la fruta. En mi caso fue muy rápido y no me llevó más de 15 minutos. Habrá por tanto que ir verificando el punto de los melocotones: tienen que estar bien cocidos más no deshechos.

Una vez estén listos introducirlos (en caliente) en un tarro de vidrio que habremos esterilizado previamente y tapar.

Con cuidado de no quemarnos, con la ayuda de las dos manos menear bien el tarro (arriba a abajo, etc). La intención es que las burbujitas de aire que se nos hubieran podido quedar entre las piezas de fruta salgan a la superficie dado que podrían ser mini-focos de contaminación de la conserva.

Cuando la preparación esté fría se introduce en la nevera, que tampoco lleva tanto azúcar y mejor asegurarnos que nos durará unos poquitos días.

Y ya está, ¡listo calisto! Con yogur, solo, acompañando bizcochos, en el desayuno, con todo están de muerte. ¡Buen provecho! 😀

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